En el mismo instante en que la sangre empezó a brotar de su herida su instinto le volvió loco, arrancaba los trozos de carne con sus propios dientes haciendo caso omiso de las voces de su cabeza que le ordenaban parar, que le recordaban que ese amasijo sanguinolento que tenia a sus pies había sido una persona. Hubo un momento en el que realmente quiso parar, pero ya no podía, el crujido de los huesos al romperse se confundía con sus risas histéricas y los últimos estertores de su victima, todos esos sonidos se perdían en la oscuridad de la noche, esa noche oscura en la que el había dejado de ser un hombre para convertirse en una bestia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario